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IGLESIA SANTUARIO
NIÑO DIOS
SOTAQUI










(FOTOGRAFIAS DE WFL, 2012)


El NIÑO DIOS DE SOTAQUI Y LA FIESTA RELIGIOSA

EL NIÑO DIOS DE SOTAQUÍ, HISTORIA, TRADICIÓN Y ORIGEN DE LA LEYENDA

Esta se entreteje en torno a la manera cómo la imagen del Niño Dios fue encontrada por una anciana del lugar. La leyenda acerca del origen fue recogida por el Padre Félix Alejandro Cepeda, párroco de Sotaquí entre 1883-1887, de la tradición oral y consignada por él en el libro de Crónicas de la parroquia a fin de dejar constancia oficial y escrita de dicho suceso, además, fue este sacerdote el primer precursor de la novena al Niño Dios. El relato que nos entrega el referido sacerdote en el citado libro es el siguiente: "Vivía en Sotaquí a principios del siglo XIX una buena anciana llamada Antonia Pizarro, más conocida con el apodo de Naranjo. Dicha señora era buscada desde largas distancias por las personas que tenían algún deudo enfermo, pues gozaba de alta fama como médica de hierbas y sustancias medicinales; pues en esta comarca eran desconocidas en aquel entonces el facultativo y la botica. Un día fue llamada a visitar un enfermo en la estancia del Romero en las inmediaciones del río Hurtado. En el mismo paraje había una majada de cabros a quienes pastoreaban dos niños de corta edad. Fijándose bien notó que jugueteaban con otro más pequeño que estaba casi desnudo, pues tenía sólo un ligero paño femural y lo hacían saltar de un cordel. Ella lo creyó un niño vivo, se acerca y nota con sorpresa que es una perfecta y graciosa imagen del salvador del mundo en su edad de niñez. Recobra la serenidad de espíritu, sólo pensó en adquirir esa imagen del niño Jesús que tanto la había cautivado. Después de repetidas insistidas logro que se la regalaran".

Lo narrado en torno a la manera como fue encontrada la imagen del Niño Dios corresponde a una explicación que linda en lo sobrenatural. Creemos que pueden barajarse otras más acordes con la realidad histórica. Es probable que Doña Antonia la haya encontrado en sus andanzas por el valle del Limarí, puesto que en la zona habitaba gente poderosa que mantenía en sus haciendas, oratorios o capillas con imágenes sacras que compraban en La Serena, a mercaderes que conocían muy bien las devociones piadosas de sus clientes. También es posible que a Doña Antonia se la haya regalado algún paciente agradecido por haberle mejorado de una grave dolencia. Esta imagen no presenta señales de haber estado a la intemperie, pues muestra buen estado de conservación y no ha sido restaurada.

La imagen es de madera, de cuarenta centímetros de alto. Su mirada es dulce y penetrante, tiene las manos extendidas, y en la izquierda tiene un mundo representado por una esfera de plata de cinco centímetros de diámetro. La imagen referida, de acuerdo a las características escultóricas, en lo concerniente a sus gestos, como al trabajo de encarnado y en relación a su comparación con otras representaciones del Niño Dios, podemos afirmar sin lugar a ninguna duda que pertenece a la escuela quiteña, famosa en el siglo XVIII, precisamente por los tipos escultóricos de bulto y por las piezas de esculturas representadas al Niño Dios que eran enviadas a Iglesias, Capillas y Oratorios de toda América.

Al fallecer doña Antonia, la imagen la heredó su hija Dolores Rojas, quien heredo también el espíritu de fe de su madre, ya que hizo grandes esfuerzos por propagar su culto. Se estableció de esta manera una numerosa romería a la casa de la señora Rojas, donde acudían personas enfermas o convalecientes a rogar por su recuperación o a dar gracias a Dios por algún favor concedido.

Los campesinos pedían lluvias y abundantes cosechas. Los peregrinos que allí acudían, siempre llevaban algún donativo como presente al Niño Dios. La última heredera fue la señora Josefa Torres de Toro, quien continúo propagando el culto a la imagen en su casa, en la quebrada de los Naranjos. Fallecida la señora Torres, en una cláusula de su testamento legó a la Iglesia de Sotaquí la imagen del Niño Dios. Los herederos se negaron a entregarla durante algún tiempo por motivos de índole afectiva o bien por índole de interés económico por los conceptos de dineros recibidos por mandas o donativos. La negativa de los señores Toros contravino las disposiciones legales, testamentarias y pastorales (culto de acuerdo a lo dispuesto por la Iglesia). Todo esto provocó un conflicto entre la Diócesis y los señores Toros, herederos emotivos de la imagen. El problema duró aproximadamente un año, es decir casi todo 1873, y se manifestó a través de un intercambio epistolar entre el Obispo, el cura párroco y los señores Toro.(1) En una de estas cartas los señores José y Domingo Toro, solicitaron la autorización del Obispo para erejir un oratorio público al Niño Dios en un terreno de su propiedad para así fomentar la devoción a la imagen según las disposiciones de la Iglesia en el particular. El Obispo respondió esta carta atreves del cura párroco en la indica que no se autoriza la petición da la familia Toro. (4)

A través de estas cartas, el 18 de septiembre de 1973 se llegó a un acuerdo con el marido de la Sra. Josefa de Toro, entre la Diócesis y la familia, para así evitar entablar demandas judiciales. Don José Toro hizo devolución de todos los dineros y especies que tenían en su poder, procedentes de las ofrendas hechas al Niño Dios, y el 1O de diciembre de 1873, el señor Toro, en presencia de algunos vecinos importantes de la localidad, hacía entrega de la imagen del Niño Dios al Cura párroco de Sotaquí Pbro. Pablo Lafargue. Finalmente, el 22 de diciembre del mismo año, por intermedio de un decreto, el Obispo autorizó que se realizara en forma pública la función en honor del Niño Dios de Sotaquí. De tal modo que, en enero del año siguiente, se organizaba la primera fiesta oficial en homenaje al Niño Jesús. (1)

Una vez que la imagen hubo entrado en procesión solemne al templo parroquial, el día 10 de diciembre de 1873, se comenzó a realizar el culto público al Niño Dios, el 6 de enero de cada año, fecha en que la iglesia católica conmemora la Epifanía, momento en que Dios se manifiesta al mundo en Belén a través de los magos de oriente; también llamada popularmente Pascua de los Negros, porque en esa ocasión, los negros del antiguo Reino de Chile, que estaban asesorados espiritualmente por los Jesuitas, celebraban el nacimiento de Cristo. Desde esa fecha, concurrieron al pueblo de Sotaquí peregrinos de distintos lugares de la antigua provincia de Coquimbo y de otras partes de país y aún del extranjero con el objetivo de venerar al milagroso Niño Jesús, patrono del lugar.

La novena era predicada brillantemente por los Misioneros del Corazón de María, de la congregación Claretiana. Estos misioneros, aparte de celebrar la novena, auxiliaban al párroco en la tarea de recibir las mandas administrar los sacramentos durante la fiesta patronal. Según las crónicas del padre Félix Alejandro Cepeda, "al lugar acudían peregrinos de diversos sitios del ex-departamento de Ovalle. Ellos llevaban ofrendas de diversos tipos al Niño Dios, en retribución a los favores concedidos. Asimismo se hacían presentes en la localidad, romeros argentinos, quienes venían a la fiesta grande de Andacollo y luego se quedaban a la del Niño Dios de Sotaquí, regresando a su patria a fines del mes de enero por los pasos cordilleranos de la zona". "La celebración comenzaba el día 6 de enero por la mañana, con una misa solemne. La parte musical era generalmente encomendada a los más distinguidos artistas de La Serena. Después del evangelio se predicaba un sermón alusivo que era escuchado con gran emoción por la concurrencia". "Durante el día, el Niño dios era situado en la puerta del templo, en una hermosa anda de madera, adonde acudían chinos y danzantes a efectuar hermosos y sentidos bailes en su honor". A la fiesta de 1886 concurrieron más de 400 danzantes repartidos en 11 bailes. En la tarde, a la hora del crepúsculo, se organizaba una procesión por las calles del pueblo, llevando las imágenes de San José, La Virgen del Carmen y el Niño Dios. Esta era presidida por el Obispo diocesano o un representante suyo; escoltadas las andas por los bailes religiosos y en seguida por la devota multitud, que entonaba cánticos sagrados y rezaba fervorosas plegarias. La fiesta finalizaba luego que la imagen del Niño Dios era dejada en el templo y los bailes se despedían con inspiradas coplas e honor al patrono del pueblo. En tanto fuera de la iglesia parroquial, en la plaza, se quemaban fuegos artificiales que eran costeados con fondos provenientes de la Obra Pía del Niño Dios. En enero de 1899, la fiesta del Niño Dios adquirió un brillo espacial, pues los oficios religiosos ese año se celebraron en el nuevo templo parroquial, en los terrenos que para tal efecto había donado don Paulino Ahumada, rico propietario del lugar. Sin embargo, este brillo de piedad en lo religioso era contrastado por el ambiente profano que predominaba en la localidad durante dicha fiesta. Estos rasgos de profanidad, en especial las borracheras, prostitución y otras conductas licenciosas, eran un espectáculo que se producía cada año durante la fiesta religiosa, debido a las facilidades que entregaba la municipalidad al vender patentes de cabaret, de fondas y otros negocios de este tipo. Esta realidad comenzó a cambiar a partir de la década de 1940, gracias a los esfuerzos del Pbro. José Stegmeier, por cambiar el rostro a esta fiesta religiosa. (1)

PRIMEROS TESTIMONIOS DE PRODIGIOS DEL NIÑO DIOS DE SOTAQUÍ

1.- Doña María Toro viuda de Tapia, refiere lo siguiente: "Durante algunos meses sufrí de un recio ataque al hígado que me ocasionaba agudos dolores y me tuvo a las puertas de la eternidad. Considerando ya ineficaces los remedios de botica tuve la feliz idea de encomendarme al Niño Dios de Sotaquí, le ofrecí ir en peregrinación a su Santuario y llevarle un pequeño mundo de oro y un corazón de plata para su adorno si me otorgaba la salud. Inmediatamente sentí mejoría y el mal fue desapareciendo y al cabo de algunas semanas quedé tan buena como antes y volví a mi trabajo, pero tuve la debilidad de dejar mi promesa en olvido. El Niño Dios se dignó sacarme de este letargo volviéndome la enfermedad, lo que me hizo comprender la ingratitud para con mi bienhechor. Me levanté del lecho del dolor en que yacía para dirigirme a Sotaquí, a pesar de los temores de mis amigos y parientes que creyeron una locura mi determinación; sin embargo, gracias al Niño Dios, sané y ahora completamente robustecida puedo dar testimonio de este prodigio y cumplí gustosa el obsequio prometido".

2.- Clementina López, natural de Sotaquí, escribe con fecha 18 de febrero de 1932, lo siguiente: "El caso que voy a referir sucedió en Santiago de Chile el mes de abril de 1931. Por una apremiante circunstancia tuve que gastar el dinero con que debía cancelar el arriendo de la casa que ocupaba en Valenzuela Castillo Nº 20. Esto me ocasionó el atraso de dos meses, al cabo de los cuales el dueño de la propiedad señor N.N. me pidió la casa, dejándole la máquina de coser y algunos muebles. Después que acepté esto, pensé cuanta falta me haría la máquina con la cual gano mi vida, y resolví llevarme todo el departamento a Bella Vista Nº 168, después de cancelar mi deuda.

Antes de trasladarme necesitaba el salvo conducto sin el cual nadie puede movilizarse, pues el carabinero de punto fijo detiene la carretela para revisar el permiso, y si no lo hay, cobrar la multa en la Comisaría. En estas aflicciones acudí al Niño Dios de Sotaquí pidiéndole poder efectuar los tres viajes de la carretela sin ser vista de los Carabineros, y tomando su imagen en las manos me fui a pié tras ella, más de diez cuadras; a las dos de la tarde, sin encontrar un solo carabinero, llegamos tranquilamente. Aun más, el señor N.N. al saber por otros informes, que yo vivía de mi trabajo fue a mi casa a perdonarme los $ 350 de la deuda. Doy público testimonio de fe por este gran favor, y agradeciendo con toda el alma deseo que aumente más la devoción a tan milagrosa imagen". 3.- Se encontraba en la Oficina Anita don Federico Emilio Janes, de 50 años de edad, nacido en el Ecuador y residente en Chile como unos veinte años. Cayó gravemente enfermo de neumonía, medicinándole el doctor Nicolás Anguita, quien lo desahució, Hacían 19 días que estaba gravísimo cuando una comadre le trajo una Imagen del Niño Dios de Sotaquí, pidiéndole de rodillas le diera la salud, prometiéndole traerle un recuerdo de plata que figurara un hombre de rodillas. Tan pronto como se encomendó sintió mejoría repentinamente y el que estaba enfermo desde el 15 de noviembre de 1900 se levanto sano el 4 de diciembre del mismo año, o sea el mismo día de la invocación al Niño Dios, siguiendo en estado de perfecta salud. El 31 de diciembre de 1907 viene en romería al Santuario de Sotaquí trayendo el recuerdo prometido. 4.- Corría el año 1925. La absoluta falta de lluvia tenía grandemente alarmados a los habitantes de esta región. Se hace una rogativa especial al Niño Dios, empezando un Triduo el jueves 2 de julio. El Divino Patrono no se hizo esperar y la noche del viernes 3 cayó una espléndida lluvia prolongándose hasta el día siguiente. Como el año se presentaba muy seco esta lluvia fue un señalado beneficio del Niño Dios. El Domingo 5 hubo misa solemne en acción de gracias y por la tarde, una entusiasta procesión con las veneradas imágenes del Niño Dios y la Virgen del Carmen. Al regresar la procesión a la Iglesia el altar estaba regiamente iluminado y se terminó con la bendición del Santísimo Sacramento. (2)

LA OBRA PÍA DEL NIÑO DIOS DE SOTAQUÍ (1873-1891)

El obispo de La Serena, Monseñor José Orrego, ordenó instituir, el mismo año 1873, una comisión encargada de administrar los dineros que por concepto de mandas y limosnas llevaban los peregrinos, para así solventar los gastos que incurrían en la organización de la fiesta y de cuidar los fondos sobrantes. Esta institución estaba formada por personas respetables de la localidad y de confianza del prelado, las que administrarían la obra Pía. Para mejorar la obra pía, en 1875 la comisión acordó nombrar a don Fernando Lorca como mayordomo, con el objeto de mejorar la administración de la obra. Más tarde, en 1883 en vista que la devoción y romería al Niño dios iban en aumento, como también los ingresos por conceptos de mandas, el prelado ordenó que con los dineros recaudados se fundara en el pueblo una escuela parroquial de instrucción primaria gratuita, para niños hombres, la que se abriría al público en marzo de 1884 y la que funcionó hasta la década de los años 60, cuando se inauguró la actual escuela pública ubicada en la población CORVI.(1)

El 16 de septieimbre de 1884 en escritura pública de donación, don Paulino Ahumada dueño de la hacienda Sotaquí, hace uan donación errevocable de unos terrenos de su propiedad de aproximadamente 60 mt. de frente, en beneficio de la parroquia del Santisimo, donde posteriormente se construiria el actual templo y casa parroquial.(4) También es importante destacar que el templo actual, de estilo corinto, iniciado en 1896 y bendecido en 1898, fue construido con los aportes de dineros provenientes de las mandas y limosnas obtenidas por la curia durante la fiesta del Niño Dios y construido por albañiles españoles. Más tarde se encargó a Berlín (Alemania) un hermoso altar mayor de madera de encina, de estilo gótico, bendecido en enero de 1907, en el que cabe destacar algunos hermosos detalles, tales como el sagrario de bronce y, en su parte inferior, la última cena.



LA SOCIEDAD DEL NIÑO DIOS DE SOTAQUÍ

Con fecha 20 de febrero de 1925 el Excmo Sr. Obispo Dr. don Juan Carlos Silva Cotapos, a solicitud del señor cura de Sotaquí Don Juan N. Alcaide, aprobó la fundación de esta sociedad en dicha parroquia y sus estatutos. El objetivo de esta sociedad era la de tributar un culto especial a Nuestro Señor Jesucristo en su imagen milagrosa del Niño Dios de Sotaquí. Sus obligaciones eran la de llevar una vida prácticamente cristiana, ajustada a los preceptos de la moral, cumpliendo, de manera especial, con el precepto de la misa y la comunión anual. (3)

LA FIESTA RELIGIOSA ENTRE LOS AÑOS 1939-1977

Al hablar de la fiesta religiosa del Niño Dios de Sotaquí, de su historia, no podemos dejar de referirnos al ministerio sacerdotal del presbítero José Stegmeier S.

Cuatro años después de haberse hecho cargo por primera vez de la parroquia, le tocó enfrentar el terremoto del 6 de abril de 1943, cuyo epicentro fue en Sotaquí y que desbastó al pueblo y causó fuertes daños al templo y la casa parroquial. Gracias a los esfuerzos y porfía del padre José, se consiguió que no se demoliera el templo y el sacerdote, con sus conocimientos de ebanista, logró restaurar el templo. Como párroco, por más de 40 años le tocó presidir la fiesta religiosa y darle un carácter menos profano, es decir, más litúrgico. En esta lucha tropezó con la incomprensión de las autoridades civiles de la época, ya que éstos estaban más interesados en obtener ingresos para solventar diversos gastos municipales y así obtener una numerosa clientela política, que del decoro de una fiesta religiosa. La característica de la festividad del Niño Dios en los primeros tiempos de su ministerio, era de corte sumamente profano, pues se expendían licor en todos los locales establecidos y otros que se instalaban para la ocasión; además, de las asiladas de diversos prostíbulos de La Serena, Coquimbo y Ovalle, atraídas por numerosa concurrencia masculina.

Era tal el relajamiento de las costumbres que un médico le decía al cura párroco: "Padre, en octubre se ven los frutos de la fiesta de Sotaquí", ya que en aquel mes subían considerablemente las cifras de parto en el hospital de Ovalle. Una de las tareas inmediatas que se propuso el párroco fue conseguir que para ese día en la zona imperara la Ley Seca; es decir, la prohibición total de vender alcohol a los visitantes y peregrinos. Esto se logró en forma muy lenta, pues a ciertos periodos de restricciones se sucedían otros de bastante liberalidad, pues esto dependía del criterio de las autoridades de Ovalle. Sólo a mediados de la década de 1970 se consiguió que esta ley predominara con continuidad. Construido después de terremoto del 43, donde se puede apreciar las dos torres laterales y pórtico con columnas dóricas.

El padre José logró que los feligreses y visitantes comprendieran el carácter sagrado de la festividad religiosa. También se preocupó de ofrecer a los peregrinos un lugar de oración y descanso, denominado "El Paltal", de dos hectáreas y media plantada con árboles frondosos. A la fiesta religiosa en honor al Niño Dios, concurren generalmente unas 40 mil personas como promedio, provenientes de los más diversos puntos de la región, del país y aún del extranjero.

Durante la semana previa a la festividad, se efectúa en el templo parroquial el rezo de una novena en honor al Niño Dios.

En la década de 1980 el templo parroquial se elevó al título de Santuario del Niño Dios de Sotaquí, siendo el párroco Presbítero Gustavo Cortés, su primer rector. La devoción al Niño Dios se celebra dos veces al año. En primer lugar la fiesta grande, el día 6 de enero si este corresponde a día domingo, de lo contrario el domingo siguiente, la que tiene una duración de 2 días y desde el año 1999 se celebra la fiesta chica, el primer domingo del mes de septiembre. Los visitantes comienzan a llegar a Sotaquí, el día de la fiesta, desde muy temprano, en los más variados medios de movilización: microbuses, taxis, colectivos, automóviles particulares, camiones y camionetas. Algunos se dirigen directamente al templo con la finalidad de saludar al Niño Jesús, cumplir una manda o participar en los oficios religiosos. Otros se quedan deambulando por las calles del pueblo atraídos por los puestos comerciales o por el espectáculo folklórico de los bailes religiosos que danzan frente al atrio del templo o en El Paltal. Al medio día, luego de la misa mayor, concelebrada por el Arzobispo de La Serena y varios sacerdotes, el Niño Dios, acompañado por la imagen de la Virgen del Carmen, es trasladado en procesión desde el templo hasta El Paltal, situado frente a la iglesia y a la plaza de Sotaquí. (1)

A modo de complemento a la investigación de Sergio Peña, he querido incluir la problemática de la Iglesia en especial de la Diocesis de La Serena y del padre José Stegmeier frente al tema de la religiosidad popular en Sotaquí.

EL PALTAL

Para el mejor desarrollo de la fiesta religiosa del Niño Dios, era necesario observar y tomar medidas concretas. La primera es esta: procurar sombra. Con el calor insoportable del 6 de enero era imposible que la gente se quedara en la Iglesia Parroquial, por las horas, ni tampoco podían estar en plena calle a todo sol. Casi por necesidad los peregrinos tenían que ir a los huertos, cantinas y ramadas. Pero justamente ahí les esperaba la perdición. ¡Hasta la plata de las mandas se la tomaban algunos"... He aquí una solución; con asombro de algunos buenos sotaquinos abrí el paltal, hoy llamado "el paltal viejo" y a los 14 años después planté todo el potrero parroquial con árboles, para que los peregrinos tengan sombra; casi dos hectáreas. (5) El Paltal situado frente a la iglesia y a la plaza de Sotaquí, es propiedad del arzobispado de La Serena en virtud de una donación efectuada en 1915 por una caritativa dama del lugar y en este lugar se encontraba ubicada la antigua iglesia de la parroquia del Corpus.

En este lugar es donde se lleva a cabo gran parte de las actividades litúrgicas de la fiesta religiosa. Una vez terminada la misa mayor aproximadamente a las 12:30 hrs. la imagen del Niño Dios y de la Virgen del Carmen son llevadas hasta este lugar en procesión y ubicadas en un proscenio sobre un estanque de cemento que almacena agua para el regadío de este huerto. (4)

NOTAS

1.- Cabe recordar que hasta muchos años después de este conflicto algunos integrantes de la familia Toro, en especial don Alejandro Toro, continuó reclamando la propiedad de la imagen, teniendo siempre algunos conflictos verbales con el Padre José Stegmeier. Siempre será recordado el saludo de don Alejandro, cuando asistía a alguna reunión en la que estaba presente el Padre José: "Buenas tardes a todo menos a uno", refiriéndose al sacerdote presente.
Cuando don Alejandro Toro estuvo enfermo antes de morir, el padre José lo asistió en su lecho de enfermo, y así quedaron reconciliadas las diferencias que por el motivo ya expuesto sucedieron.

2.- Nota del autor de esta página. Recuerdo que en febrero del año 1983, en una misión en la parroquia de Recoleta, fui designado como misionero en el pueblo. En este lugar conocí a un anciano de muy avanzada edad; si mal no recuerdo, se llamaba José, quién tenía el don de imitar muy bien a las aves, y él me conversó que la imagen del "Niño Dios", había pertenecido a una familia de hacendados del sector de Huamalata, según lo que le contaba su abuelo, el que habría visto más de alguna vez esta imagen en un retablo o pesebre de navidad. No olvidemos que fue San Francisco de Asís quien instauró la tradición de la representación del nacimiento de Jesús y que luego se propagó por toda Europa y llegando a América con la Orden Franciscana, y que justamente este sector de Recoleta fue evangelizado por estos frailes, e incluso el nombre de la iglesia de Recoleta lleva el nombre de este Santo.

BIBLIOGRAFÍA

1.- Sergio Peña Álvarez, "El Niño Dios de Sotaquí".
2.- Presbítero, Félix Alejandro Cepeda, "Novena del Niño Dios de Sotaquí"
3.- Parroquia del Niño Dios de Sotaquí, Libro de Crónicas Parroquiales.
4.- Alex Ortiz Núñez, Investigaciones y Archivo Personal.
5.- Parroquia del Niño Dios de Sotaquí, libro "Primer Centenario de la Imagen del Niño Dios de Sotaquí".
6.- Fotografía Pinacoteca de Alex Ortiz Núñez y Norma Rivera Núñez

(SIN MODIFICACION DE: ALEX ORTIZ NÚÑEZ – www.sotaqui.260mb.com)

UBICACION: a 12 kms. de Ovalle por la Ruta D 55 a Monte Patria.









(DOCUMENTO DE: Revista En Viaje, N.212, junio 1951)





(DOCUMENTO DE: "Folclor Religioso Chileno", Oreste Plath, 1996)