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IGLESIA
SAN AGUSTIN
PUERTO OCTAY




 IGLESIA SAN AGUSTIN DE PUERTO OCTAY

El templo "San Agustín", constituye uno de los templos patrimoniales más característicos de nuestra región. Su construcción esta ligada al proceso de instalación de los nuevos habitantes en la zona, a partir de marzo del año 1852, producto de la inmigración alemana registrada en la nueva colonia del lago Llanquihue.

Puerto Octay (* o "Muñoz Gamero", como se llamaba inicialmente, debido al explorador chileno que avanzó desde el norte hasta el lago / NOTA DEL AUTOR) constituye por lo tanto, uno de los primeros asentamientos de colonos y hacia el año 1869 ya registra la construcción de la primera capilla católica a orillas de la ribera norte del lago perteneciente a la denominada Playa Maitén.

La historia de la iglesia católica en nuestra comuna se remonta a mediados del siglo XIX, cuando los colonos alemanes ya instalados, en el año 1859 reciben por primera vez la visita de un sacerdote proveniente de Puerto Montt.

Las misiones jesuitas arribadas a esa ciudad se encargaban de evangelizar a los colonos que estaban conquistando las agrestes riberas del imponente lago Llanquihue. Los portadores de la fe partían en misiones que se mantenían por varios días en un mismo lugar pregonando la palabra de Dios, por lo que se hacía imperiosa la llegada de un sacerdote que guiara a los creyentes, y ello porque las misiones sólo se realizaban dos o tres veces en el año. Así fue como se fueron creando los primeros lugares de culto y de oración.

Se levantó la primera capilla en Playa Maitén, en honor a San José, en 1869, tras lo cual se construyó la de Quilanto en 1886; Arenales, en 1893; y posteriormente en Puerto Octay, la dedicada a San Agustín en el año 1896.

Como parroquia fue creada en marzo del año 1904, siendo su primer párroco el Padre Juan Mellwig, destacado sacerdote, conocedor de la zona, que había iniciado su labor misionera en 1885, residiendo en una casa que los mismos vecinos se encargaron de habilitar. Sin embargo, el 23 de marzo de 1907 un gran incendio arrasó con la casa parroquial y la iglesia, consumiendo en minutos el esfuerzo de los colonos. Gracias al gran esfuerzo y optimismo del padre Mellwig se logró iniciar las gestiones para levantar un nuevo e imponente templo que potenció la vida espiritual de la pequeña villa, y cuya materialización fue posible además por la cooperación de las tradicionales familias asentadas en la zona, trabajo que dió sus frutos cuando la nueva iglesia quedó terminada el 25 de marzo de 1908 y fue bendecida por Monseñor Augusto Klincke.

De claro estilo neoclásico, en su construcción se ocuparon maderas de la zona como laurel y alerce. Entre sus principales constructores se mencionan a los hermanos Francisco y José Hitschfeld, hijos del emigrante Celestino Hitschfeld, mientras que las puertas y ventanas fueron confeccionadas por Francisco Mentzel.

Enclavado en un lugar preponderante, su figura y presencia no pasan inadvertidas a la hora de visitar la hermosa y pintoresca Villa de Puerto Octay.

(INFORMACION DE: Parroquia San Agustín de Pto. Octay en www.parroquiasanagustinoctay.blogspot.com de Eduardo Vidal Mancilla, de artículo publicado en la revista “Hacia la Cumbre”, N° 120, año 19, diciembre de 2003, publicación interna del Obispado de Osorno)

UBICACION: está en la ribera norte del Lago Llanquihue, a 63 kms. al norte de Pto. Varas y 53 kms. al sureste de Osorno.











VISTAS AEREAS DEL LAGO LLANQUIHUE Y DE PTO. OCTAY
El Volcán Osorno, al fondo izquierda; y el Volcán Calbuco, sector derecho


 Pto. Octay



JUAN MELLWIG, PRIMER PÁRROCO DE PUERTO OCTAY

En marzo de 1859 llegaron al naciente Puerto Montt los primeros misioneros de la Compañía de Jesús. En efecto, el pedido del señor Obispo de Ancud, Fray Francisco de Paula Solar, encontró acogida en el Padre General, procediendo a enviar a los tres primeros religiosos de la Compañía a esas regiones del sur de Chile. La región no era absolutamente desconocida para los jesuitas, toda vez que en el siglo anterior muchos misioneros trabajaron en Chiloé, llegando incluso hasta el Golfo de Penas en sus largos viajes de misión.

La llegada de los jesuitas coincidió con la fundación de Puerto Varas, para ser más exactos con “Puerto Chico”.

En 1893 siendo Obispo Diocesano Monseñor Agustín Lucero, y viendo la importancia que adquiría la villa de Puerto Varas, decidió crear la Parroquia de esa ciudad, designando al mismo tiempo como titular al Padre jesuíta Juan Mellwig. Este buen padre conocía ya toda la región que rodeaba al lago Llanquihue, pues desde 1885 había escogido como centro de sus actividades misioneras la localidad de Puerto Varas para atender con mayor eficiencia a sus queridos feligreses. Más aún, su celo apostólico fue un importante aporte para que en cooperación con los vecinos, se pudieran levantar las capillas de San Estanislao y San Javier en la Fábrica y Puerto Rosales, respectivamente (1875), además de la capilla en honor de la Virgen del Carmen en Línea Nueva. Pero anterior es la iglesia de Puerto Varas que había sido levantada en 1870 y poseía dos sobrias torres y estaba ubicada en la actual plaza.








El Padre Mellwig había nacido en 1845, sus padres fueron José Mellwig y Carolina Hanrad, habitantes de Scherfede, Westfalia.

Realizó sus primeros estudios en Warburg. Concluidos éstos, el 29 de septiembre de 1868 ingresó a la Compañía de Jesús en Friedrichsburg, cerca de Munster, donde fue Superior y maestro de novicios el célebre Padre Oswald. Concluído el noviciado, sirvió como enfermero en la guerra de 1870 – 1871 entre Francia y Alemania. Como el gobierno alemán pagó con el destierro a muchos de sus fieles servidores, nuestro padre tuvo que pasar a Ditton May y Porticus, Inglaterra, donde estudió dos años de retórica, tres años de filosofía y después la teología. Se ordenó de sacerdote el 18 de septiembre de 1880, desde Europa se trasladó al sur de Chile. Junto con el Padre Humberto Duffels se embarcaron en el puerto de Liverpool directamente a Puerto Montt, ciudad a la que arribaron el 19 de octubre de 1881, después de seis semanas de tranquila navegación. La llagada de ambos causó sorpresa y alegría entre los jesuitas de Puerto Montt.

Aquí trabajó en ministerios parroquiales y en las misiones por las provincias de Chiloé y Llanquihue. Por poco tiempo se ocupó como educador en la escuela “San José” (después colegio San Francisco Javier). Cuando se erigió la Parroquia de Puerto Varas en 1893, Mellwig sirvió de párroco desde el 1 de febrero de 1894 hasta 1902. Durante ese lapso hizo levantar las capillas de Frutillar, Puerto Rosales, El Volcán, Nueva Braunau (Santa Rosa), Santa María, Colegial San Juan y San José, y Paraguay Chico en 1902. La labor de este padre fue múltiple pues permanentemente se encontraba visitando a sus feligreses esparcidos alrededor del lago. Testimonio elocuente de aquel servicio son esas capillas que ayudó a levantar en todos los lugares donde vivía un grupo de colonos.

En 1903 fue destinado al Colegio de Puerto Montt con el cargo de Ministro de la comunidad. Pero ahí estuvo poco tiempo. Cuando se erigió la Parroquia de Puerto Octay arregló sus maletas y se trasladó para allá, haciéndose cargo de esta nueva sede parroquial el 1 de mayo de 1904. Ciertamente lo primero que realizó este buen servidor de la iglesia fue construir un templo y una casa parroquial.

Constantemente Dios le tiene a los hombres reservadas algunas sorpresas. En 1907 la iglesia y la casa parroquial fueron arrasadas por un incendio en pocos minutos. Nuestro párroco no se amargo y con la cooperación de los vecinos pudo levantar ambas construcciones en menos de dos años. Pero eso no fue todo. También construyó una escuela con internado para niños y un externado para niñas, dirigido por las Hermanas de la Inmaculada Concepción. Como no había un hospital y se hacía cada vez más necesario, entre todos se esforzaron y lograron uno pequeño, pero que les dió tranquilidad. Las mismas religiosas de la Inmaculada se hicieron cargo de él.

Todas estas obras procedían de un gran corazón lleno de caridad, y de una energía y voluntad inquebrantable como buen westfaliano. Una de sus máximas favoritas era: “Cuando se interesa la gloria de Dios y de la Iglesia, nunca hay que ceder, siempre adelante”. En diversas ocasiones el Rector del Colegio de Puerto Montt lo convidó para que se fuera al colegio, unos días al menos para reponerse y atender a su delicada salud, más el santo varón respondía siempre: “¿Cómo dejar mis trincheras, cómo abandonar a mis queridos actaenses? Esto Padre, es imposible. Renuncio al cómodo aposento y agasajos en Puerto Montt; déjeme morir en mi querido Puerto Octay”.

El 24 de marzo de 1928, el Padre Eterno llamó a este buen misionero jesuita. En el funeral un feligrés expresó: “Todo lo que es Octay, lo debe al padre Mellwig”. El señor habrá recompensado sus méritos e incontables sacrificios.

(INFORMACION DE: Parroquia San Agustín - Puerto Octay en www.parroquiasanagustinoctay.blogspot.com de Eduardo Vidal Mancilla, del libro “En la Huella de San Ignacio. Semblanzas de los Jesuitas en Chile“, Eduardo Tampe, S.J.)




CONSULTAR






(DOCUMENTO DE: Revista En Viaje, N.108, oct. 1942)




(MAPA DE: Turistel)